lunes, 31 de agosto de 2015

JAZZ NO END VIDEOS - Chet Baker - This Is Always

Una de las debilidades de Jazz No End, desde su fundación, ha sido y siempre será la etapa crepuscular de ese poeta del jazz que fue Chet Baker. En el año 1978, se presentaba en un club holandés y aquella actuación quedó registrada para la mítica Radio Sesjun. En definitiva, no es más que una nueva parada en su eterno peregrinaje por los clubes de jazz de media Europa, una muestra más de aquella sensibilidad casi divina, que le proporcionaría un pasaporte para la eternidad. 

domingo, 30 de agosto de 2015

STAN GETZ & CHET BAKER - LA CRÓNICA DE UN DESENCUENTRO


En el año 1983, el saxofonista Stan Getz y el trompetista Chet Baker, se unieron para una gira de 35 conciertos que les llevaría por diversas ciudades de Europa para finalizar en Arabia Saudita. Esta es la crónica de aquel desencuentro.

Dos personalidades difíciles. Dos grandes artistas, pero también dos seres humanos dominados por sus adicciones: la heroína para Baker y el alcohol en el caso de Stan Getz en la época de estas grabaciones. Pero Stan Getz, siempre antepuso la calidad de su arte a todo lo demás, mantuvo una fructífera carrera profesional sin dejar que la hecatombe que fue su vida privada,  se reflejara en su música. Chet Baker no lo consiguió y su vida arruinada, destrozada por su brutal adicción, deterioró su salud de forma dramática y se reflejó a menudo en su música. Aquí estaban de nuevo juntos. Nunca se llevaron bien. Sus anteriores encuentros no habían sido precisamente amistosos. Todo contribuía al desencuentro: la forma de vida de Baker, los celos de Getz hacia la reacción entusiasta que el público europeo ofrecía hacia la música de Baker, que él, sin suda, consideraba de escasísima calidad.

Tal vez bromeando sobre esta cuestión, el pianista Jim Mcneely atribuye la incompatibilidad entre los músicos a un “conflicto de adicciones”. Especula el pianista que si ambos hubieran sido adictos a la misma sustancia, sus relaciones habrían sido mucho mejores. La gira había comenzado con muchas condiciones previas exigidas por Getz: dormirían en distintos hoteles, pasarían por separado las aduanas y solo se reunirían en el escenario para interpretar un número limitado de composiciones, el resto del repertorio lo interpretaría en solitario, cada uno de ellos, con la rítmica de Getz, que acompañaba a esta extraña pareja: Jim Mcneely al piano, George Mraz al bajo y Victor Lewis a la batería. La clase de formidables músicos con los que habitualmente sabía rodearse Getz. La gira acabaría mal, ya lo sabemos.


Eran 35 actuaciones, en varios países europeos y en Arabia Saudita. Por suerte las apariciones del conjunto en Estocolmo y Baerum (Noruega) fueron registradas por emisoras locales y mas tarde editadas discográficamente. Actualmente la noche del 18 de febrero de 1.983, se recoge en el álbum triple de Verve “The Stockholm Concerts” y la velada de día siguiente, se publicó por Concord en dos álbumes con el nombre de "Quintessence".  Además el concierto de Estocolmo, registrado en video, fue publicado hace algunos años. Así que podemos disfrutar y analizar en profundidad la música que produjo este breve encuentro entre dos caracteres incompatibles. Una fuerza irresistible contra un cuerpo inamovible. Así se puede definir la interacción entre ambos músicos. Sobre el escenario Getz no puede ocultar su desden e incluso desprecio hacia el trompetista, al que en todo momento intenta eclipsar. Sin embargo el genial saxofonista  observaba impotente como la mera aparición del desaliñado y triste trompetista en el escenario, provocaba una fervorosa reacción del público que pasaba por alto los constantes errores e imperfecciones técnicas que plagaban sus interpretaciones.


Chet era un mito idolatrado. En cambio los solos casi perfectos de Stan Getz, en la cumbre de su carrera y de su prodigiosa creatividad, con su maravillosa sonoridad aterciopelada, eran acogidos con indudable entusiasmo, pero sin la ferviente vehemencia  que recibía el trompetista. Algunas de las miradas de Getz hacia Baker durante los solos del trompetista, inmortalizadas en las fotografías y el video del concierto de Estocolmo, describen sin palabras los sentimientos del saxofonista. Pero aquí en los escenarios Estocolmo y en Baerum, es difícil adivinar las tensiones entre ambos.

Getz, como siempre, se encuentra en magnífica forma, Baker, está en uno de los mejores momentos de ese largo otoño de su existencia. Aún cuando su música muestre en ocasiones una mas que dudosa calidad técnica, resulta siempre emocionalmente conmovedora y, por otra parte, es adorado por el público europeo.


Los encuentros entre ambos, sobre el escenario, ofrecen un resultado agradable, y a menudo de gran nivel musical en temas como I´m Old Fashioned, My Ideal, e incluso en algunos tiempos rápidos en los que Baker podría encontrar mas dificultades como en el tema de Gillespie, Dizzy Atmosphere, Airegin o I´ll Remembre April. En ambos conciertos Getz ofrece una maravillosa versión de la balada We´ll be together again, especialmente hermosa en la velada noruega y por supuesto no falta la siempre exitosa versión de Baker sobre el clásico My Funny Valentine, su caballo de batalla desde los años cincuenta y que pertenece en propiedad por partes iguales a Baker que la versionó en incontables ocasiones durante toda su carreta musical y al trompetista Miles Davis que la mantuvo en su repertorio hasta la llegada de su etapa eléctrica. Como si de un cruel sarcasmo se tratara en los dos conciertos se unen los músicos en el escenario en el tema Just Friends.


Por desgracia, esa combinación de envidia y rechazo en lo personal y lo artístico, envenenaba a Getz, y al fin estalló poco antes de que el conjunto viajara a Arabia Saudita, al descubrir que Baker había preparado un buen cargamento de sustancias para su estancia en el país árabe. Getz llamó al representante de Baker, Wim Wigt y lanzó un ultimátum: Baker o yo. Así que Baker, cobró la totalidad de los conciertos contratados y abandonó la gira. De está forma finalizó este último encuentro entre estos artistas. Su música conservada en estas históricas grabaciones aúna el brillo del arte de dos de las mas destacadas estrellas del jazz de todas las épocas y la morbosa atracción que ofrecen los aspectos mas oscuros de sus espíritus atormentados,  resultando finalmente imprescindibles para los seguidores de ambos músicos.


sábado, 29 de agosto de 2015

JAZZ NO END VIDEOS: Art Blakey and The Jazz Messengers - "Song For The Lonely Woman"

Ya podéis disfrutar de un nuevo video del canal de Jazz No End en YouTube. En esta ocasión se trata del tema "Song For The Lonely Woman" interpretado por los Jazz Messengers de Art Blakey, en una grabación del año 1972. Música totalmente inesperada en el grupo de Art Blakey, en una época en la que el genial batería intentaba adaptar su música a las exigencias de los nuevos tiempos, incorporando músicos jóvenes, teclados eléctricos y material moderno y progresivo. Un tema que pertenece a esos años olvidados de la carrera de Art Blakey,  que nosotros queremos rescatar para el recuerdo, porque la música que produjeron estos músicos, nos parece, sencillamente, apasionante. 


lunes, 24 de agosto de 2015

BILL EVANS. SINCE WE MET

El periodista Gene Lees, afirmaba que, tal y como ocurre con los grandes acontecimientos históricos que nos toca vivir, la gente suele recordar el lugar y el momento exacto en el que escuchó por vez primera la música del pianista Bill Evans, como si de uno de esos grandes eventos se tratara. Y la verdad es que, al menos en mi caso, debo dar la razón al veterano periodista, puesto que recuerdo exactamente el primer disco de Bill Evans que llegó a mis manos, asi como el lugar en que ocurrió. De lo que no me cabe duda es que el disco fue "Since We Met", y también sé que su música me emocionó de tal manera, que Evans se convirtió para siempre en uno de mis músicos favoritos y que su poesía y arrebatador lirismo, enriqueció definitivamente mis propias experiencias vitales.

En aquella época, poco sabía sobre Bill Evans, aunque había escuchado algunas de sus grabaciones con el sexteto de Miles Davis en el año 1958. Mucho menos sabía sobre el club neoyorquino Village Vanguard, donde el disco había sido grabado en enero del año 1974, ni sobre los acompañantes de Evans, el bajista Eddie Gomez y el batería Marty Morell.


Hoy sé algunas cosas más que me gustaría compartir con vosotros. Sé que el club Village Vanguard, regentado en aquellos entonces por Max Gordon, era y es una de las mecas del jazz moderno y que Bill Evans se encontraba tan ligado al club, que lo llamaba "su casa". Allí tocaba durante largos períodos, al menos cuatro o cinco veces al año y también allí había despegado definitivamente su carrera, con la grabación de las históricas sesiones del año 1961 al lado del bajista Scott La Faro y el bateria Paul Motian. La repentina muerte del bajista, pocos días después de aquellos registros, daría al traste con una de las más prometedoras formaciones musicales de la época y sumiría a Evans en una profunda depresión que tardaría meses en superar. Hacia la fecha de grabación de "Since We Met" y a sugerencia del pianista, Max Gordon, había adquirido para su club, un nuevo piano Yamaha y había colocado tras él, una gran foto de Evans. Todo un símbolo.

Pero en el año 1974, las cosas iban bien para Evans. Disfrutaba de un merecido reconocimiento por el público del mundo entero y sus discos se vendían bien. Un nuevo contrato, formalizado por su incansable representante Helen Keane con Fantasy Records, auguraba nuevos éxitos artísticos y comerciales, que se habían iniciado en 1973 con la triunfal aparición del trio de Evans en Tokyo, cuya grabación para Fantasy obtuvo un premio Grammy. Por otra parte había abandonado su adicción a la heroína y aún no había comenzado aquella otra oscura etapa de adicción a la cocaína que, a la postre, contribuiría a acabar con su vida algunos años después. Su trio con el bajista Eddie Gomez y el batería Marty Morell, después de casi ocho años de existencia había alcanzado un extraordinario nivel creativo y aquella compenetración casi espiritual que caracterizaba a las formaciones de Evans, que tiene su origen en una revolucionaria concepción del trio de jazz que muchos, con escaso éxito,  han intentado imitar.  


También este disco nos permite introducirnos en otro aspecto, probablemente tangencial, pero destacable, de la mente sensible y lírica de Evans, porque el pianista era un artista en nombrar sus temas con los más hermosos y evocadores títulos, de tal manera que el nombre de los temas evoca de forma inmediata la belleza de la música que estás a punto de disfrutar o, al contrario, al escuchar la melodía imaginas la historia que está contando sin palabras. Temas como "Since We Met", dedicado a su nueva esposa Nenette o "Time Remembered", contenidos en este álbum, son ejemplos de este fenómeno. Pero otros muchos temas del pianista completan este panorama de poesía musical y literaria: "The Two Lonely People", "Remembering The Rain", "I Will Say Goodbye", "We Will Meet Again" o la que tal vez fue su última composición, "Your Story". Hermosos títulos para la música más bella.

"Since We Met", y su disco gemelo "Re: Person I Knew", que contiene material adicional de las mismas actuaciones, nos muestran a Bill Evans en uno de los mejores momentos de su carrera, confiado y cada vez más consciente de su propia estatura artística. En este periodo, Evans incorpora cada vez más a su repertorio, sus propias composiciones, elevadas hoy en día a la categoría de clásicos. Piezas inolvidables en las que técnica y poesía se conjugan en perfecta armonía. Por su parte, el bajista Eddie Gómez exhibe el fruto de su evolución de varios años al lado de Evans, erigiéndose en ocasiones, como el verdadero motor del conjunto.

La música de Evans, descubre en "Since We Met", al igual que en el resto de sus grabaciones de la época, su habitual complejidad técnica, sofistificación, un exuberante torrente de juegos armónicos e intrincadas improvisaciones, pero, como se ha dicho, toda esa técnica y aparente complejidad, no tuvo en Evans una finalidad exhibicionista, sino que siempre se encontró al servicio del lirismo y la poesía que constituían la esencia de su propuesta musical.

En definitiva, de Bill Evans podría decirse lo que Ruy Castro dijo en una ocasión sobre Antonio Carlos Jobim, otro poeta de la música: Cada vez que tocaba el piano, el mundo mejoraba. Por unos pocos minutos se transformaba en un lugar mas armónico, melódico y poético. Incluso las desgracias parecían menores porque en aquel momento había un hombre dedicándose a producir belleza. Lo que resultara de su gesto de abrir el piano – una nota, un acorde, una canción – venía tan cargado de excelencia sensibilidad y sabiduría que, expuestos a su creación, todos nosotros, sus oyentes, también mejorábamos como seres humanos.

sábado, 22 de agosto de 2015

RADIO JAZZNOEND. ANTONIO CARLOS JOBIM Y EL JAZZ



Como anunciábamos en nuestro último post y siguiendo con nuestra programación estival, abordamos en este nuevo podcast, las intensas y fértiles relaciones entre la música del compositor brasieño Antonio Carlos Jobim y el Jazz norteamericano. Desde los albores del movimiento Bossa Nova hasta la última aparición en público de Tom Jobim en el Carnegie Hall de Nueva York en el año 1994, en compañía del guitarrista Pat Metheny. Un especial de Radio Jazznoend de casi dos horas para explorar todo ese formidable universo musical de quien, con justicia,  fue llamado "Maestro Soberano".
                       

jueves, 6 de agosto de 2015

GETZ-GILBERTO. LA CRÓNICA DE UNA REVOLUCIÓN


El verano ha llegado y el equipo de Radio Jazznoend, prepara un programa dedicado al romance entre la música del compositor brasileño Antonio Carlos Jobim y el jazz norteamericano. Por ello, como aperitivo a este proyecto que pronto verá la luz, queremos hoy trasladarnos al Brasil de principios de la década de los 60 del pasado siglo. En las playas de Rio de Janeiro, había estallado una revolución musical. La bossa nova había conmocionado los pilares de la música popular brasileña y su influencia estaba a punto de irradiarse al mundo entero.


Brasil vivía por aquellos entonces una etapa de modernización y progreso económico sin precedentes. Una sensación de optimismo se extendía por el país y se hacía especialmente patente en las grandes ciudades como Rio de Janeiro. Allí una boyante clase media, prosperaba al abrigo de esa ola de progreso y avances. Los jóvenes de la época, algunos poco más que muchachos de instituto, se reunían en los apartamentos de sus padres en las playas cariocas y en aquellos encuentros festivos, comenzaba a configurarse la nueva música. Roberto Menescal, Carlos Lyra, João Gilberto, Nara Leao, Ronaldo Bôscoli, los hermanos Castro Neves, el poeta Vinicius de Moraes y... Antonio Carlos Jobim, esos son algunos de nuestros protagonistas. Fiestas y desenfadadas reuniones de amigos. Romances y noches en la playa a la luz de la luna. Todo ello con la sempiterna presencia de una guitarra, proporcionando una fresca y sorprendente banda sonora para la nueva época. En este seductor escenario se desarrolla uno de los movimientos musicales más influyentes del siglo XX, que eclosiona definitivamente cuando, en el año 1959, el guitarrista y cantante, João Gilberto graba el tema de Antonio Carlos Jobim, "Chega de Saudade". Gilberto, un joven excéntrico y de vida bohemia,  había dado con la clave definitiva que definiría el movimiento: una peculiar batida en la guitarra y una forma de cantar elegante, ligera y desapasionada, tan seductora que el propio Miles Davis dijo de su voz, que sonaría bien hasta leyendo el periódico...


La revolución había estallado y tal vez sus efectos se hubieran limitado a las fronteras de Brasil si no fuera porque en el año 1961, durante una gira por latinoamérica, el guitarrista Charlie Byrd, quedó cautivado por estos nuevos ritmos y regresó decidido a darlos a conocer en su propio país.

Tras muchas reticencias y negativas, Verve dio el visto bueno y en febrero de 1962, Byrd entraba en un estudio con los músicos de su conjunto y con la presencia de un invitado muy especial, el saxofonista Stan Getz. Una idea que iba a cambiar de forma dramática la carrera de este notable artista y de forma significativa la propia historia de la música del siglo XX. El resultado fue el álbum "Jazz Samba", un formidable éxito comercial que catapultó al estrellato a sus protagonistas y dio a conocer algunas melodías destinadas a la inmortalidad como los temas de Tom Jobim "Desafinado" o "Samba de Uma Nota Só". Pero, ¿era "Jazz Samba" verdadera Bossa Nova?. Probablemente no o, al menos, no del todo. De hecho, escuchando hoy esta grabación, con la perspectiva del tiempo, se puede apreciar el esfuerzo de aquellos músicos norteamericanos, especialmente la rítmica del conjunto de Cahrlie Byrd y al propio guitarrista, por emular, sin gran éxito, los sutiles y leves ritmos de la bossa nova que apenas conocían. El resultado es un ritmo tropical inespecífico y algo rígido comparado con sus originales. Pero ahí estaba el maravilloso sonido de Stan Getz, "The Sound", lo más parecido a la voz de Gilberto, la inmejorable elección de Charlie Byrd. Lo mejor estaba por llegar...


Durante los meses siguientes Getz se dedicó a recoger los frutos del éxito sembrado por "Jazz Samba" y grabó varios álbumes dedicados a la nueva música, pero el gran momentos llego en marzo de 1963, cuando el saxofonista se reúne en un estudio de Nueva York con algunos de los grandes protagonistas de la bossa nova: el guitarrista y cantante João Gilberto y el pianista y compositor Antonio Carlos Jobim, que ya había colaborado con Getz en su anterior disco con Luiz Bonfa. Ya no sería necesario emular o imitar a los maestros creadores, porque estaban allí... y para contar con una rítmica original y auténtica, también se encontraba presente el bateria Milton Banana que aportaría toda la elegancia y la sutileza de la batida de la bossa nova. Si hasta entonces todo habían sido experimentos, la hora de la verdad había llegado. La fusión del sonido mágico del saxo de Getz, con la exquisita delicadeza y la levedad de la guitarra y la voz de Gilberto, interpretando los temas del maestro Jobim, crea un ambiente de ensueño y se convierte en una de las páginas más importantes de la historia del Jazz y de la música del siglo XX. El repertorio, como no podía ser de otro modo, lo componían temas de Antonio Carlos Jobim, con la solo excepción de los temas "Doralice" de Dorival Caymmi y "Pra Machuchar Meu Coraçao", de Ary Barroso. El tema "Garota de Ipanema", obtenía un pasaporte para la eternidad, como uno de los temas más interpretados y grabados de toda la historia de la música. 


Pero algo más hay que contar sobre esta histórica sesión, algo que contribuiría a su enorme éxito comercial en Estados Unidos. En el estudio se encontraba también Astrud, la esposa de João Gilberto. Durante la grabación, Getz, con la complicidad del productor Creed Taylor, sugirió que, si Astrud cantaba parte de algunas de las letras en ingles, ello podría mejorar las ventas del disco en Estados Unidos. Así que, con las reticencias de los músicos brasileños, esa joven de apariencia frágil y voz meliflua, se puso ante el micrófono por vez primera y cantó la letra inglesa de  los temas de Tom Jobim, "Garota de Ipanema" y "Corcovado". El single de "The Girl From Ipanema", con la voz de Astrud, vendió mas de un millón de ejemplares y fue disco de oro. El aspecto más negativo de la intervención de Astrud, fue que, gracias a la intervención de Getz, la brasileña no vio ni un solo dolar por su colaboración, lo que parece dar credibilidad a la fama de mala persona que acompañó a Getz durante toda su vida. 

Por lo demás, el destino de todos los presentes estaba sellado. Stan Getz, se vio proyectado a un inesperado estrellato que le daría un prestigio imperecedero y, de paso, le haría millonario. El álbum supuso también el espaldarazo definitivo a la carrera norteamericana de Antonio Carlos Jobim. João Gilberto, tal vez por su peculiar carácter y personalidad, rentabilizaría menos el paseo triunfal del nuevo estilo por los escenarios del mundo entero, pero su propia esposa, se convirtió en una estrella y siguió cantando y grabando música brasileña durante las siguientes décadas.

Y esta es la historia amigos, la crónica de una grabación que representa el momento más brillante del hermanamiento entre la música brasileña y el jazz norteamericano. Lo que escuchas cuando pones en marcha el giradiscos son los ecos de la apasionante historia musical de la segunda mitad del siglo XX. Un registro al mismo nivel que las grabaciones efectuadas en esa misma década por artistas como Miles Davis, Jimmy Hendrix o The Beatles. Los ecos de una revolución cuyos efectos, como los de una formidable marea, alcanzan a nuestra propia época, y nos dejan con una pregunta en la boca: ¿acaso algo comparable se ha escuchado desde entonces...?